Camino con vistas al Picacho, vegetación mediterránea y fuente evocadora. Ideal para amantes de la naturaleza, con rutas poco transitadas y paisajes únicos.
La vereda de Castellar es uno de esos caminos que sorprenden y fascinan a partes iguales. Su cercanía al Parque Natural de las Sierras Subbéticas aporta a su recorrido unas vistas envidiables sobre el Picacho y el Lapiaz de los Lanchares. Eso, unido a un trazado de poco tránsito, la cercanía de laderas escarpadas ocupadas por vegetación mediterránea de matorrales y encinas que han podido escapar al avance del olivar y la existencia de una pequeña fuente, tan útil antaño como evocadora actualmente, hacen del discurrir por esta antigua vía pecuaria todo un deleite para los sentidos de aquellas personas que se consideren amantes de la naturaleza.
Para llegar a ella la ruta parte de la vía verde, donde nos desviaremos tomando un pequeño tramo de carretera en dirección a Gaena o los Llanos de Don Juan (Lucena), abandonándolo posteriormente para coger la senda de la Sauzadilla. Este camino, recientemente arreglado en la mayor parte de su trazado, lo recorreremos hasta su finalización, conectando con la vereda de Bailalobos que, aunque muy perdida, nos permitirá llegar al camino del Tesoro y, con él, al inicio de la vereda de Castellar.
La ruta, una vez recorrida la vereda de Castellar, desemboca en la confluencia de varios arroyos, el más destacado de los cuales es el de Jarcas, y permite el acceso a la conocida como gasolinera de los Pelaos, o bien continuar hasta el camino de Jarcas (o de Borrallo). En este caso, la ruta se adentra en un precioso quejigal que, por momentos, llega a cubrir el camino entrelazando sus ramas en una dura ascensión. Cabe decir, no obstante, que este tramo discurre por un camino particular.
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